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Un médico americano entre los pobres de Haití
Febrero de 2003

Por: Michael Deibert
Ese artículo de "Island Beat" es producido con la colaboración y el soporte financiero de Fogarty Center- Los Institutos Nacionales de Salud(NIH) de los Estados Unidos y de los Centros GHESKIO en el marco del proyecto "Reforzar la capacidad de los periodistas del Caribe y de América Central a producir reportajes sobre el VIH/SIDA: una mirada sobre Haití". Ese proyecto es ejecutado por el Centro de Comunicación sobre el SIDA( CECOSIDA) y el Instituto Panos.

CANGE, Haití- en la sala de pediatría del centro "Zanmi Lasante" situado en la región rural del Plato Central a 128 kilómetros de Puerto Príncipe, el Dr. Paul Farmer está tratando de administrar oxigeno y medicamentos a un joven enfermo.

El joven tiene una respiración jadeante y es victima de una tuberculosis resistente a varios medicamentos. Emaciado y débil, sus ojos expresan el miedo. "Él respira con mucha dificultad", dice el doctor Paul Farmer. "Debemos mantener su respiración".

Fuera del inmueble, en un pequeño pasillo, más de un centenar de personas, procedentes de todas partes, hasta de la ciudad de Cayes situada al Sur a unos 145 kilómetros, esperan de pie con sus diferentes males ser vistos por el médico.

Dos campesinos de edad con grandes sombreros puestos, una pequeña anciana doblada en dos atacada por la tuberculosis y otro hombre aparentemente sano, seropositivo, esperan ser tratados en el hospital por el hombre que los haitianos llaman simplemente "Polo".

Farmer, graduado de la Universidad de Harvard en medicina, originario del centro de la Florida e igualmente titular de un doctorado en Antropología, vino por la primera vez a Haití en 1981 después de haber trabajado con los inmigrantes haitianos en los campos de la Florida y Carolina.

Él dice que es un choque el hecho de trabajar en condiciones tan desesperadas, lo que le pareciera a veces casi mejor que el esclavismo." .-Usted nunca ha estado en Haití. Le habían respondido los inmigrantes.

Farmer continuó viniendo a Haití después de su primer viaje. Trabajando con los socios de la red de salud, él fundó en 1985 la Clínica Bon Sauver con un sacerdote local, el padre Fritz Lafontant, era la primera etapa en la creación de lo que se ha convertido con el transcurso de los años en la operación médica la más sofisticada de todo el país.

El actual complejo de salud(Zanmi Lasante: "Socios en Salud" en el vernáculo haitiano) fue fundado en una propiedad que ha sido ocupada por ocupantes ilegales (squatter) que fueron desplazados por la construcción de la presa hidráulica de Peligre en 1956. Ese complejo se ha transformado en el frente de avanzada de Haití en la lucha contra las enfermedades endémicas como la Tuberculosis y la Malaria así con el fleo más reciente, el SIDA.

Para muchos, el complejo es una demostración de lo que los fondos de asistencia pueden hacer, cuando ellos son sabiamente utilizados, en este pobre país del Caribe con una población de 8 millones de habitantes. La clínica ambulatoria del centro recibe frecuentemente alrededor 300 pacientes mientras que la clínica óptica, más de 90 en una sola jornada.

Es un ejemplo fundamental en un país, donde según las cifras dadas por el Programa de Alimentación Mundial (PAM), las tres cuartas partes de la población vive por debajo del umbral de la pobreza y 4,5% sufren de malnutrición severa.

Según el Ministerio de Salud Pública Haitiano, 4,5% de la población -sea 360,000 personas han sido infestadas por el virus del VIH.

Los problemas de salud de los haitianos se han agravado por otra aflicción similarmente crónica: la inestabilidad política. Jean-Bertrand Aristide, un antiguo padre de la Iglesia Católica Romana, comenzó su segundo mandato como presidente de Haití en febrero del 2001, él ha estado enfrentándose a la oposición política por el tema de las elecciones del 2000, lo que ha obstaculizado una asistencia internacional económica equivalente a más de 500 millones de dólares.

El conflicto a violentamente escalado en el transcurso de los meses recientes, con manifestaciones, huelgas y marchas organizadas a través de todo el país.

"Farmer, pone su mano en el hombro de un pequeño niño muy tímido llamado Charlemagne, "Su madre murió de SIDA", él acudió para saludarlo en el momento en que el doctor iba hacia el inmueble. El niño tiene tuberculosis actualmente pero nosotros creemos que va a recuperarse".

Otro niño de 10 o 11 años se acerca a Farmer y riéndose levanta su pulóver para mostrar una cicatriz profunda del largo de su abdomen. Al niño se le realizó una operación a corazón abierto en Cange. La intervención fue conducida por un equipo de médicos americanos y haitianos después de diagnosticar una enfermedad cardiaca reumática que le afectaba las válvulas cardiacas. La operación le salvo la vida.

"Todo va muy bien ahora", dice el pequeño niño con una sonrisa resplandeciente en su rostro. Gracias Señor por habernos dado al Dr. Farmer".

En la clínica, Farmer está supervisando la construcción de una nueva unidad respiratoria con ventiladores de alta potencia para la mejor circulación del aire y lámparas ultra-violetas que ayudan a eliminar la bacteria de la tuberculosis.

Esa unidad será la primera de su tipo en Haití y tendrá la capacidad de 10 habitaciones para los casos de tuberculosis más severos. Cange es ya reconocido como el centro de referencia nacional para el tratamiento de esa enfermedad. Zammi Lasante compartirá también dos millones de 67 millones de dólares que el Ministro de Salud Pública,
Henri Claude Voltaire, a recientemente obtenido en el mes de Mayo del Fondo Global para la lucha contra el SIDA, la Tuberculosis y la Malaria.

Esa compensación será utilizada en el acercamiento integral de la infraestructura de salud ya existente en Haití y no por la clínica únicamente.

"No es Cange, como tal, que recibirá el financiamiento del Fondo Global, más bien varias instituciones a través de todo el departamento donde hay un gran número de miembros y socios potenciales", agrega Farmer.

"Nuestro grupo trata igualmente de reforzar las infraestructuras públicas de salud y el proyecto no tendrá ningún progreso si nosotros no ayudamos a reconstruir el sistema de Salud Pública".

Bien que Farmer mantiene clínicas igualmente en Lima, Perú y Rusia, Cange representa en gran parte la base de ese hombre de 43 años durante estos últimos 20 años.

Su casa situada al borde de un sendero arbolado al lado de la clínica es modesta, una casa con dos habitaciones de color pastel vivo y rodeada de chozas de campesinos haitianos. Tiene una computadora sobre un escritorio y libros que tapizan los muros.

En el momento que Farmer sale de otra reunión, una bella jovencita lo besa en las mejillas. Ella se dedica a la prostitución y descubrió que es seropositivo. Fue abusada sexualmente por un policía cuando era más joven, el equipo de Cange trabaja de manera diligente para salvarla de los estragos que esa enfermedad puede causarle. Feliz ella decidió ir a la escuela por la primera vez en su vida.

"Yo conozco mi abecedario, dice ella, - abriendo su saco para mostrar las copias dobladas del libro de Gramática Creol y de Historia de Haití, aunque no puede leer todavía".

"Todas las lecciones que pudiese usted extraer en los casos como éstos, son testigos de las desigualdades de poder, de toda la potencia y ferocidad de ese mundo de inocentes, y la neta violencia del desamparo, dice Farmer. "La atención médica y la educación deber ser considerados como los derechos fundamentales, pues sin ellos el trabajo está condenado al fracaso como centenares de millones de vidas humanas".

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