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3 de septiembre, 1999
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Total de palabras: 1147
EL VIH/SIDA
EN HONDURAS DESPUÉS DEL MITCH
Por Renán
Martínez
Pese
a que el campesino Francisco Ramos contrajo la tuberculosis durante
la emergencia del huracán Mitch, se considera afortunado porque
la prueba del Sida que le practicaron resultó negativa.
Ramos,
su mujer y sus cuatro hijos menores estuvieron hacinados durante
varios días en un albergue para damnificados de la aldea de Toyós,
cercana a la costa atlántica, donde fue testigo de muchos casos
de actividad sexual indiscriminada. Afortunadamente él se mantuvo
en todo momento junto a su familia, por lo que difícilmente podía
haber adquirido el virus que causa el Sida.
``Este
hombre tuvo suerte, porque la tuberculosis se puede curar, pero
si se hubiera contagiado con el virus, su destino ahora sería otro'',
dijo el infectólogo Tito Alvarado mientras le hacía un nuevo reconocimiento
al paciente en un hospital público de la norteña ciudad de San Pedro
Sula.
Alvarado
comentó que a él le toca ver a diario ``las dos caras de la moneda
del Sida'', porque por la mañana atiende a pacientes con escasos
recursos en ese hospital y por la tarde a pacientes con más recursos
en su clínica privada. En ambos casos la situación es la misma,
con la diferencia que los pacientes de mayor capacidad económica
se mantienen en sus casas controlados con el llamado "coctel" de
medicamentos (terapia combinada) mientras los de menos ingresos
tienen que buscar la asistencia pública o simplemente se abandonan
a su suerte hasta que mueren.
Para
Alvarado es un hecho que el número de casos de Sida en Honduras
se verá incrementado con el problema de hacinamiento que se dio
en los muchos albergues improvisados durante la emergencia del Mitch,
donde el denominador común era un solo techo para los centenares
de damnificados.
Uno
de los albergues de San Pedro Sula donde hubo mayor concentración
de personas fue el Gimnasio Municipal. Todavía quedan en este lugar
unas 22 familias que se resisten a salir porque esperan que el gobierno
local les reponga la vivienda que se les llevó el huracán.
En este centro deportivo que ahora es un insalubre edificio, un
niño cuyos padres se encuentran infectados por el VIH, murió víctima
de la enfermedad durante los días aciagos de la tragedia. La pareja
seropositiva al VIH se encuentra ahora en un macroalbergue de la
villa de Cofradía, llamado ``Vida Nueva'' donde han sido concentrados
los damnificados que perdieron sus casas.
Angélica
Reyes, una de las pocas mujeres que permanecen durante el día en
el gimnasio, no descartó que el hombre, identificado como Oscar,
también haya infectado a una muchacha con la que ``todos sospechamos
tuvo relaciones porque siempre se les veía juntos''.
Las
entrevistadas aseguraron que nunca les fueron infieles a sus maridos,
aunque la situación se prestaba para ello, porque casi todos tenían
como lecho común el piso de ese centro deportivo. Sin embargo sostienen
que fueron testigos de incontables casos de infidelidad protagonizados
sobre todo por los hombres.
Debido
a que lo prioritario en esos momentos era suministrar alimentos,
medicinas y ropa a los afectados, las autoridades de Salud y las
organizaciones que luchan contra el Sida, centraron toda su atención
en esas actividades de socorro, postergando los esfuerzos de prevención
y atención integral del Sida.
Fue
hasta que la situación se normalizó en los albergues que comenzó
una campaña de concientización por parte de organizaciones como
Comunicación y Vida (Comvida), para evitar que se continuaran dando
las relaciones adúlteras entre los damnificados. En esta tarea,
Comvida tuvo a su cargo los principales albergues en los que ofrecía
charlas apoyadas con videos, y realizaba otras actividades de prevención
del Sida como la presentación de títeres educativos, dijo Norma
Galindo quien tenía a su cargo ese programa auspiciado por la municipalidad
sampedrana.
``Teníamos
sospechas de que en los albergues se estaban dando casos de infidelidad
por la conducta adoptada por los hombres, pero no podíamos tomar
medidas porque no habían pruebas'', comenta ahora Galindo.
Pasada
la situación de emergencia, Comvida ha vuelto a realizar su labor
en los centros de educación primaria y secundaria mediante el proyecto
denominado ``Metámosle un gol al Sida'', para motivar especialmente
a la juventud que es aficionada al fútbol en San Pedro Sula, la
segunda ciudad en importancia del país y la que registra el mayor
número de casos del síndrome.
Desde
1985 en que las autoridades de Salud comenzaron a llevar una estadística
del Sida, a julio del presente año se han registrado en esta ciudad
de medio millón de habitantes, 4,026 casos mientras que a nivel
nacional en ese mismo período, esa cifra asciende a 10,547.
La
población más afectada en San Pedro Sula es la comprendida entre
las edades de 20 a 49 años, o sea la económicamente activa, lo que
evidencia el perjuicio que el Sida hace en una ciudad cuya principal
actividad es el comercio y la industria, dijo Reniery España, jefe
del Programa de Control de Tuberculosis y Sida en San Pedro Sula
dependiente del gobierno.
Explicó
que el gobierno dispuso incluir en un solo programa el control de
estas dos enfermedades, debido a que cuando un paciente desarrolla
Sida, por lo general también desarrolla tuberculosis por ser esta
una enfermedad oportunista.
Es
por ello que a todo paciente afectado por tuberculosis o por Sida,
se le hace la prueba de ambas enfermedades, como en el caso del
campesino de Toyós , Francisco Ramos quien, de haber resultado positivo
en la prueba de VIH, tal vez habría pasado a ser una de los muchos
afectados que son discriminados hasta por sus familiares.
Una
parte de los esfuerzos que hace el gobierno en la lucha contra el
Sida va también encaminada a evitar que los pacientes afectados
por la epidemia sean víctimas de ese marginamiento por parte de
la sociedad y a veces hasta de los parientes.
En
tal sentido, el Congreso Nacional está por aprobar una ley que exige
que a las personas seropositivas se les respete el derecho a vivir
con dignidad. Por ejemplo, que no se les niegue la oportunidad de
trabajar, ni de ser atendidos en los centros asistenciales en caso
que lo necesiten.
Ese
trato más digno tal vez sólo lo tienen por ahora los enfermos sin
familiares, internados en los pocos hogares para personas seropositivas
que hay en la ciudad, como el que sostiene la fundación Amor y Vida
en la marginal colonia Municipal donde son cuidados 16 niños huérfanos.
Se
trata de ``un pedacito de casa'' donde ``con dolor en el alma tenemos
que decir que no hay cupo a otros niños infectados que son traídos
para que los cuidemos porque no tienen quien vele por ellos'', dijo
la encargada Geraldina Muñoz.
Los
menores aquí son tratados como si estuvieran sanos. ``Talvez algún
día sepan de su tragedia, pero por el momento no esperamos que se
mueran, sino que más bien vivan felices como los otros niños'',
expresó Muñoz.
Martínez
es editor de La Revista, suplemento dominical del diario La Prensa
en San Pedro Sula, Honduras, y del suplemento de salud que distribuye
la publicación todos los jueves.
El
Programa de SIDA de la Organización Paramericana de la Salud contribuyó
con la revisión técnica de esta Crónica. Lea
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