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3 de septiembre, 1999
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EL VIH/SIDA EN HONDURAS DESPUÉS DEL MITCH

Por Renán Martínez

Pese a que el campesino Francisco Ramos contrajo la tuberculosis durante la emergencia del huracán Mitch, se considera afortunado porque la prueba del Sida que le practicaron resultó negativa.

Ramos, su mujer y sus cuatro hijos menores estuvieron hacinados durante varios días en un albergue para damnificados de la aldea de Toyós, cercana a la costa atlántica, donde fue testigo de muchos casos de actividad sexual indiscriminada. Afortunadamente él se mantuvo en todo momento junto a su familia, por lo que difícilmente podía haber adquirido el virus que causa el Sida.

``Este hombre tuvo suerte, porque la tuberculosis se puede curar, pero si se hubiera contagiado con el virus, su destino ahora sería otro'', dijo el infectólogo Tito Alvarado mientras le hacía un nuevo reconocimiento al paciente en un hospital público de la norteña ciudad de San Pedro Sula.

Alvarado comentó que a él le toca ver a diario ``las dos caras de la moneda del Sida'', porque por la mañana atiende a pacientes con escasos recursos en ese hospital y por la tarde a pacientes con más recursos en su clínica privada. En ambos casos la situación es la misma, con la diferencia que los pacientes de mayor capacidad económica se mantienen en sus casas controlados con el llamado "coctel" de medicamentos (terapia combinada) mientras los de menos ingresos tienen que buscar la asistencia pública o simplemente se abandonan a su suerte hasta que mueren.

Para Alvarado es un hecho que el número de casos de Sida en Honduras se verá incrementado con el problema de hacinamiento que se dio en los muchos albergues improvisados durante la emergencia del Mitch, donde el denominador común era un solo techo para los centenares de damnificados.

Uno de los albergues de San Pedro Sula donde hubo mayor concentración de personas fue el Gimnasio Municipal. Todavía quedan en este lugar unas 22 familias que se resisten a salir porque esperan que el gobierno local les reponga la vivienda que se les llevó el huracán.

En este centro deportivo que ahora es un insalubre edificio, un niño cuyos padres se encuentran infectados por el VIH, murió víctima de la enfermedad durante los días aciagos de la tragedia. La pareja seropositiva al VIH se encuentra ahora en un macroalbergue de la villa de Cofradía, llamado ``Vida Nueva'' donde han sido concentrados los damnificados que perdieron sus casas.

Angélica Reyes, una de las pocas mujeres que permanecen durante el día en el gimnasio, no descartó que el hombre, identificado como Oscar, también haya infectado a una muchacha con la que ``todos sospechamos tuvo relaciones porque siempre se les veía juntos''.

Las entrevistadas aseguraron que nunca les fueron infieles a sus maridos, aunque la situación se prestaba para ello, porque casi todos tenían como lecho común el piso de ese centro deportivo. Sin embargo sostienen que fueron testigos de incontables casos de infidelidad protagonizados sobre todo por los hombres.

Debido a que lo prioritario en esos momentos era suministrar alimentos, medicinas y ropa a los afectados, las autoridades de Salud y las organizaciones que luchan contra el Sida, centraron toda su atención en esas actividades de socorro, postergando los esfuerzos de prevención y atención integral del Sida.

Fue hasta que la situación se normalizó en los albergues que comenzó una campaña de concientización por parte de organizaciones como Comunicación y Vida (Comvida), para evitar que se continuaran dando las relaciones adúlteras entre los damnificados. En esta tarea, Comvida tuvo a su cargo los principales albergues en los que ofrecía charlas apoyadas con videos, y realizaba otras actividades de prevención del Sida como la presentación de títeres educativos, dijo Norma Galindo quien tenía a su cargo ese programa auspiciado por la municipalidad sampedrana.

``Teníamos sospechas de que en los albergues se estaban dando casos de infidelidad por la conducta adoptada por los hombres, pero no podíamos tomar medidas porque no habían pruebas'', comenta ahora Galindo.

Pasada la situación de emergencia, Comvida ha vuelto a realizar su labor en los centros de educación primaria y secundaria mediante el proyecto denominado ``Metámosle un gol al Sida'', para motivar especialmente a la juventud que es aficionada al fútbol en San Pedro Sula, la segunda ciudad en importancia del país y la que registra el mayor número de casos del síndrome.

Desde 1985 en que las autoridades de Salud comenzaron a llevar una estadística del Sida, a julio del presente año se han registrado en esta ciudad de medio millón de habitantes, 4,026 casos mientras que a nivel nacional en ese mismo período, esa cifra asciende a 10,547.

La población más afectada en San Pedro Sula es la comprendida entre las edades de 20 a 49 años, o sea la económicamente activa, lo que evidencia el perjuicio que el Sida hace en una ciudad cuya principal actividad es el comercio y la industria, dijo Reniery España, jefe del Programa de Control de Tuberculosis y Sida en San Pedro Sula dependiente del gobierno.

Explicó que el gobierno dispuso incluir en un solo programa el control de estas dos enfermedades, debido a que cuando un paciente desarrolla Sida, por lo general también desarrolla tuberculosis por ser esta una enfermedad oportunista.

Es por ello que a todo paciente afectado por tuberculosis o por Sida, se le hace la prueba de ambas enfermedades, como en el caso del campesino de Toyós , Francisco Ramos quien, de haber resultado positivo en la prueba de VIH, tal vez habría pasado a ser una de los muchos afectados que son discriminados hasta por sus familiares.

Una parte de los esfuerzos que hace el gobierno en la lucha contra el Sida va también encaminada a evitar que los pacientes afectados por la epidemia sean víctimas de ese marginamiento por parte de la sociedad y a veces hasta de los parientes.

En tal sentido, el Congreso Nacional está por aprobar una ley que exige que a las personas seropositivas se les respete el derecho a vivir con dignidad. Por ejemplo, que no se les niegue la oportunidad de trabajar, ni de ser atendidos en los centros asistenciales en caso que lo necesiten.

Ese trato más digno tal vez sólo lo tienen por ahora los enfermos sin familiares, internados en los pocos hogares para personas seropositivas que hay en la ciudad, como el que sostiene la fundación Amor y Vida en la marginal colonia Municipal donde son cuidados 16 niños huérfanos.

Se trata de ``un pedacito de casa'' donde ``con dolor en el alma tenemos que decir que no hay cupo a otros niños infectados que son traídos para que los cuidemos porque no tienen quien vele por ellos'', dijo la encargada Geraldina Muñoz.

Los menores aquí son tratados como si estuvieran sanos. ``Talvez algún día sepan de su tragedia, pero por el momento no esperamos que se mueran, sino que más bien vivan felices como los otros niños'', expresó Muñoz.

Martínez es editor de La Revista, suplemento dominical del diario La Prensa en San Pedro Sula, Honduras, y del suplemento de salud que distribuye la publicación todos los jueves.

El Programa de SIDA de la Organización Paramericana de la Salud contribuyó con la revisión técnica de esta Crónica.

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