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20 de junio, 1997
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ALTERNATIVAS
CONTRA EL SIDA EN ARGENTINA
Por Ovidio
Lagos
Los
enfoques terapeúticos no convencionales, llamados también terapias
alternativas, se han multiplicado sorprendentemente en los últimos
años, particularmente entre personas con VIH. La ciudad de Buenos
Aires, por ejemplo, ofrece disciplinas que van desde la homeopatía,
el reiki, o la programación neurolingüística, hasta el naturismo
y la acupuntura. Luchar contra la enfermedad implica una absoluta
apertura a todo lo que signifique una mejor calidad de vida.
Según
Carlos Blanco, terapeuta alternativo argentino, estas disciplinas
trabajan con los planos físico, espiritual y emocional, intentando
restablecer la armonía supuestamente rota por la enfermedad. La
Fundación Visión Alternativa -la institución que dirige Blanco-
surgió gracias a una beca concedida por la Fundación Americana para
la Investigación del SIDA (AmFAR, según siglas en inglés).
"Hay
factores que determinan una baja de las defensas -señala Blanco-;
son el miedo, la desolación, la desesperanza". Los enfoques alternativos
se proponen ayudar a levantar las defensas y mejorar el equilibrio
emocional del individuo, agrega.
Es
importante señalar que Blanco, como muchos otros terapeutas alternativos,
no se opone al uso de terapias convencionales como el tratamiento
con antiretrovirales (análogos de nucleósidos e inhibidores de la
proteasa). Para Blanco, las terapias alternativas son complementarias
de la medicina alopática y no sus rivales.
Blanco
dirige además talleres de reiki, una disciplina que surgió en el
Japón durante el siglo pasado, pero que tiene raíces culturales
milenarias.
"El
reiki logra actitudes diversas", sostiene. "Quien realiza los ejercicios
está más sensible a lo que le toca vivir, ya se trate de su propia
sexualidad, la discriminación que inevitablemente sufren quienes
viven con el VIH, o las colas interminables para obtener medicamentos
gratuitos en el Ministerio de Salud y Acción Social". Para Blanco,
una de las mayores virtudes del reiki es la armonización de la energía:
libera lo que está bloqueado, permite expresarse emocionalmente
a través del llanto y la palabra, y ayuda a liberar pesadas cargas
de encima.
María
tiene 56 años, es separada y madre de dos hijos. Cuando recibió
el resultado del análisis que confirmaba la infección por HIV, recurrió
no sólo a la medicina alopática, sino también a las terapias alternativas.
"Los
medicamentos que había empezado a tomar -señala María-, me caían
mal. Después de unas sesiones de reiki y de programación neurolingüística,
desapareció la gastritis y me sentía menos pesada". Al poco tiempo,
pudo tolerar los antivirales.
En
la actualidad, María integra un grupo de pacientes que se reúne
diariamente en la "Esquina de las Flores" de Buenos Aires, una especie
de epicentro nutritivo para personas que viven con el HIV y que
consideran fundamental la alimentación para combatir la enfermedad.
A
partir del conocimiento espiritual, de las emociones, existen notables
mejorías en algunos pacientes. Otros, en cambio, no se benefician.
Pero lo que es inequívoco es que no se logran resultados si quien
vive con el VIH no se zambulle en la espiritualidad y no se conoce
profundamente a sí mismo, asegura Blanco. "Es común que ciertas
personas que acaban de enterarse que están infectadas con el VIH
piensen que su vida se asemeja a una tumba. Es notable cómo cambian
de actitud al ponerse en contacto con lo espiritual y cómo el VIH,
paradójicamente, les hace modificar la concepción del mundo y de
la vida", explica.
El
poder de lo semejante
La
homeopatía es una disciplina hace tiempo aceptada por la medicina
tradicional. Surgió a fines del siglo XVIII cuando un alemán, Samuel
Hahnemann, desilusionado con la medicina de su época, descubrió
que un enfermo con fiebre se curaba con quinina, mientras que si
por error se suministraba quinina a una persona sana, se enfermaba.
Hahnemann pensó que, tal vez, todas las sustancias que producían
determinados cuadros en personas sanas, tenían un efecto curativo
en la persona enferma con esos mismos síntomas. Se trataba, claro,
de la curación por los semejantes.
El
doctor Carlos Grosso es un prominente homeópata argentino y en su
pequeño consultorio, atiborrado de libros, practica esta disciplina
que ayuda también a las personas que viven con SIDA.
"La
homeopatía, en el caso del SIDA, funciona como en cualquier otra
enfermedad -asegura Grosso-; por lo general, vienen pacientes con
grados avanzados de la enfermedad. El homeópata toma los síntomas
y trata de averiguar todo lo posible acerca de cada uno de (ellos).
Deduce qué remedio conviene aplicar y, lo notable, es que funciona
bien. Claro que no pueden curar el efecto del SIDA que es ir derrumbando
el sistema inmunológico, pero sí logran contenerlo, en gran parte".
La
vida y los alimentos
La
visión naturista de la vida ha llevado a la creación de escuelas
y disciplinas que aplican estos principios para abordar la enfermedad.
En Buenos Aires, la doctora Beatriz Rodríguez atiende a personas
que viven con el VIH, a partir de una concepción alimentaria que
se remonta a la más antigua escuela de medicina Occidental, la de
Hipócrates, es decir la Escuela de Cos.
"Se
trata de un criterio médico que, en lugar de encauzarse en una visión
alopática, se encauza con una visión naturista que tiene nada menos
que 2500 años de soporte: el concepto hipocrático de la medicina.
No es una medicina naturista que provenga del vegetarianismo de
los años 60, del movimiento hippie, ni proviene de la escuela oriental,
aunque tiene muchos puntos de contacto".
¿Cómo
se relaciona esta visión de la medicina con el SIDA? Esta enfermedad,
para el naturismo, es una problemática más. Según Hipócrates, hay
una fuerza curadora de la naturaleza. Lo que el naturismo hace en
relación al SIDA es trabajar la fuerza vital curadora que todo individuo
trae consigo, explica Rodríguez.
"Si
cuidamos que esta fuerza curadora de la naturaleza, que esta potencia,
este vitalismo esté en su máxima expresión -señala-, haremos un
enorme apoyo logístico para mejorar el SIDA. Más allá de que el
paciente elija o no utilizar antivirales, va a lograr resultados
distintos".
Para
los naturistas, si se intenta llevar esa fuerza vital a su máxima
potencia hay que respetar los principios vegetarianos. La carne,
por ejemplo, es vista como un alimento tóxico que el organismo no
puede tolerar; por lo tanto, si se apunta a que una persona con
SIDA robustezca al máximo su sistema inmunológico, un trozo de carne
es tóxico y contribuye a que su sistema se debilite. Para Rodríguez,
la alimentación tiene ciertas normas. Debe respetar un 50 por ciento
de alimentos crudos, frutas y ensaladas. El alimento crudo -afirma-
es el máximo curador, un potencial de vitaminas y minerales. Por
otra parte, hay que recurrir a la menor cantidad posible de sal
y aceite, optando, en cambio, por el jengibre, el ajo, el orégano
y las especias naturales.
"La
fruta debe comerse sola para que ejerza su acción curadora. Hay
un viejo dicho que reza: 'Para que la taza de té se llene, hay que
vaciarla' -agrega. En el organismo ocurre lo mismo. Si no se vacía
la toxicidad, no se puede recuperar la salud. La fruta hay que comerla
con el estómago vacío, y no después de haber comido un sándwich
de queso, ya que esa fruta indispondría".
Rodríguez
sostiene que una persona que inicia un plan de curación debe comer,
de mañana, sólo frutas, ya sea en jugo o en ensalada. El vino hay
que erradicarlo. Otra gran fuente de alimentación son las oleaginosas:
almendras, avellanas, maní (cacahuates), soja. Todo esto puede estar
acompañado por arroz integral.
Rodríguez
ha logrado buenos resultados en algunos pacientes. "Un enfermo que
estaba listo para partir de este mundo se recuperó, trabaja y tiene
una calidad de vida superior", asegura. Convendría agregar, según
los naturistas, el aerobismo. "Cuanto más oxígeno se consume, mejor",
concluye.
Aunque
los elementos externos introducidos a través de terapias alternativas
pudieran no tener un efecto físico directo en el organismo, coadyuvan
a que éste active su propia capacidad de reparación de daños, fortaleciendo
así su sistema de recuperación, aseguran expertos. Por esa razón,
la comunidad científica continúa mirando con curioso interés y cuidadoso
análisis los resultados de estos enfoques alternativos para ayudar
a distinguir y fortalecer aquellos que han contribuido a mejorar
la calidad de vida de personas que viven con el VIH y otras enfermedades.
Ovidio
Lagos es editor de SIDA-HIV News,una publicación electrónica
en español, basada en Argentina: http://www.virtualizar.com/sidanews/
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