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28 de Mayo, 1998
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EL DERECHO
AL TRABAJO, UN PRIVILEGIO DE MEXICANOS QUE VIVEN CON EL VIH/SIDA
Por: Alicia
Yolanda Reyes
Alfonso
llevaba cinco años como trabajador eventual en una empresa paraestatal
mexicana, cuando se presentó la oportunidad de que se le diera una
plaza permanente.
En
un país donde la tasa de desempleo se calcula oficialmente en un
30 por ciento, Alfonso tenía buenas razones para estar emocionado.
Uno
de los requisitos para modificar su situación laboral consistía
en una serie de exámenes médicos. Alfonso se sometió a ellos sin
ningún problema.
"Mi
salud era inmejorable, por lo que no tuve ninguna preocupación",
explica Alfonso, quien solicitó que su nombre real no fuera utilizado.
Sin embargo, cuál sería su sorpresa cuando sus compañeros de trabajo
modificaron de repente su comportamiento hacía él. Algunos incluso
le preguntaron sobre su orientación sexual y su estado de salud.
La
secretaria de la empresa le llamó y le dijo que habían surgido algunos
problemas, que el médico le quería realizar otros estudios, pero
nunca le dio detalles. Le repitieron algunas radiografías de tórax,
"porque según ellos tenía alguna malformación de columna".
"Me
llevaron a la capital del país, allá directamente se me realizaron
pruebas de sangre, se me interrogó sobre mi vida sexual, indagaron
si había sufrido alguna transfusión, e incluso me dieron una incapacidad
médica, pero nadie hablaba claramente", recuerda Alfonso.
Finalmente,
su hermana, quien también presta sus servicios en una de las sucursales
de la empresa, le llamó y le preguntó abiertamente: "¿es verdad
que tienes SIDA?".
Las
pruebas iniciales de Alfonso habían incluido, sin su conocimiento,
la de detección del VIH/SIDA. Y antes de que él mismo se enterara,
el resultado positivo de su examen se convirtió en un secreto a
gritos entre sus colegas.
Finalmente
la empresa le informó que tenía el virus que genera el SIDA y que
no podía seguir trabajando en esa empresa, ni menos aún recibir
la plaza definitiva.
La
doctora Patricia Campos, secretaria técnica del Consejo Estatal
para la Prevención y el Control del VIH/SIDA (COESIDA) de Jalisco,
señala que existe una Norma Oficial Mexicana (NOM) a la cual deben
adherirse todas las empresas, centros de salud y población en general
en la que se señala de manera clara que el ser portador del VIH/SIDA
no es razón para que a alguien se le niegue el acceso al trabajo,
o se le despida. Sin embargo las violaciones en ese sentido se dan
en el país de manera cotidiana.
Alfonso
acudió a la Comisión Nacional de Derechos Humanos, y gracias a su
intervención se logró que se le diera una pensión de por vida y
el derecho a los servicios médicos.
Sin
embargo Alfonso tiene apenas 30 años, se encuentra en buen estado
de salud y por lo tanto se considera apto para seguir laborando.
Ahora su vida ha cambiado diametralmente, su familia se encuentra
muy angustiada ya que piensan que puede morir en cualquier momento.
Gabriel,
un maestro de educación física, vivió un calvario similar. Fue hospitalizado
con una fuerte neumonía en un hospital del Estado, donde trabajaba
su suegra quien le pidió al médico que le practicaran la prueba
de detección del VIH/SIDA, ya que le parecía raro que el problema
no cediera a los medicamentos.
El
resultado fue positivo y la suegra, la esposa y varios familiares
fueron informados antes que Gabriel. Poco después, su esposa -quien
también resultó seropositiva al VIH- le pidió el divorcio.
Gabriel
entró en un estado de depresión que lo llevó a la muerte en pocos
meses. Se le habiá impedido ver a sus hijos y su esposa lo acusaba
de haberle truncado la vida, sus sueños, sus proyectos, haciéndole
responsable de la situación.
Gabriel
se sintió tan culpable que se negó a emprender alguna acción legal
contra los médicos que le practicaron la prueba. El resto de su
familia se vio muy afectada con la situación y con el estado de
salud de Gabriel, sobre el cual nunca pudieron hablar abiertamente
ya que él les prohibió hacerlo y se inventó que en realidad lo que
padecía era cáncer.
De
acuerdo con el psicólogo Pedro Avalos de "Amigos Previniendo el
SIDA", la orientación psicológica pre y post prueba se considera
de suma importancia, ya que un resultado positivo modifica de manera
sustancial la vida de quien lo recibe y de sus seres allegados.
De ahí la exigencia de las ONG de que los laboratorios privados
no realicen pruebas de manera arbitraria, y menos aun entreguen
los resultados.
La
psicóloga Maby Gandarilla del subconsejo de atención Integral del
COESIDA, Jalisco, señala que desde que se empezó a dar consejería
se erradicaron prácticamente los suicidios que al inicio de la epidemia
eran comunes entre la gente que resultaba afectada.
En
México se han contabilizado aproximadamente unos 34 mil casos de
VIH/SIDA, de los cuales un 50 por ciento fueron detectados por medio
de certificados de defunción. Ello conduce a considerar que una
gran parte de las personas seropositivas al VIH desconocen que lo
son. Concretamente se calcula que el subregistro de casos podría
ser de hasta un 30 por ciento.
El
principal problema es que aquellos que resultan afectados ni siquiera
saben que tienen derechos, lamenta Avalos. Además como el VIH/SIDA
está muy ligado a la sexualidad y ésta sigue siendo tabú en la sociedad
mexicana, se evita presentar una demanda que eventualmente los pondría
en riesgo de tener que hablar de la forma como lo adquirieron o
de que más personas se enteren de su situación.
La
ley mexicana hace clara referencia a la confidencialidad de la prueba,
la cual debe ser voluntaria y el resultado positivo no puede ser
causal para la negación de servicios de salud, la rescisión de un
contrato laboral o la expulsión de la escuela.
Tampoco
justifica el aislamiento o la segregación social o familiar.
En
la práctica, son cotidianos, no obstante, los casos en que ser portador
del VIH/SIDA pone a las personas en riesgo de perder el empleo,
o la escuela propia o de los hijos, el maltrato por parte de los
trabajadores de la salud u otras violaciones son cotidianas, sin
embargo son pocos los que se atreven a demandar.
Jesús
Martínez de COESIDA señala que es común que las personas, cuando
sienten que son violados sus derechos, acudan en busca de ayuda.
Sin embargo, una vez se calman las cosas ya no regresan, y son raros
los que llevan adelante una demanda. Por eso pese a que cada día
"nos enteramos de nuevas violaciones es poco lo que se puede hacer,
si los directamente afectados no siguen adelante".
Aunque
hasta el 23 de abril COESIDA tenía notificados 4004 casos en Jalisco,
se estima que alrededor de 120 mil personas viven con el virus.
Actualmente,
el Hospital Civil de la ciudad de Guadalajara es centro de una de
las pocas demandas que aún continúan a pesar de la tardanza en el
proceso y las amenazas contra los demandantes. Dos médicos que se
encontraban realizando su residencia en dicho hospital, fueron despedidos
con amenazas e injurias cuando se supo que vivían con el VIH/SIDA.
Los
médicos pusieron una queja en la Comisión Estatal de Derechos Humanos,
CEDH; sin embargo, ha transcurrido más de un año de la misma y poco
se ha avanzado. La Lic. Guadalupe Morfín Otero, presidenta de la
CEDH, afirmó que se agilizará la demanda pero entre tanto, los jóvenes
demandantes continúan sin posibilidad de trabajar y aseguran haber
sido amenazados con que su situación se dará a conocer a otros hospitales
a no ser que retiren la demanda.
Alicia
Yolanda Reyes es una periodista independiente especializada en temas
relacionados con el VIH/SIDA y reside en Guadalajara.
El
Programa de SIDA de la Organización Panamericana de la Salud contribuyó
con la revisión técnica de esta Crónica. Lea
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