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17 de febrero, 1998
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LA MENINGOCOCCEMIA
AMENAZA LAS FUTURAS GENERACIONES DOMINICANAS
Por Doris Pantaleón
Como
en muchos otros países en desarrollo, centenares de niños dominicanos
enfrentan a diario niveles preocupantes de hacinamiento, desnutrición
y abandono. Ultimamente, sin embargo, la población infantil de la
isla caribeña enfrenta una nueva e inquietante amenaza, una enfermedad
infecciosa que expertos han dado por llamar "enfermedad de la pobreza".
La
meningococcemia ha cobrado en los últimos años la vida de decenas
de niños de República Dominicana, donde el 60 por ciento de la población
es pobre y cerca de un diez por ciento vive en condiciones de extrema
pobreza.
El
temor crece cada día y con él la enfermedad. Durante el primer mes
de este año, los casos atendidos en el Hospital Infantil Robert
Reid Cabral, principal centro de salud infantil del país, han superado
siete veces los del mismo período del año pasado.
A pesar de registros deficientes, durante 1997 se notificaron en
la Dirección Nacional de Epidemiología 178 casos, para una tasa
de incidencia nacional de 2.3 por cada 100 mil habitantes. En algunas
provincias la incidencia llegó hasta a 9.1 casos/100 mil habitantes.
Algunos especialistas llegaron a temer incluso que se alcanzaran
niveles epidémicos.
La
meningococcemia, enfermedad contagiosa provocada por la bacteria
Neisseria meningitidis, es altamente mortal de no ser reconocida
y tratada a tiempo. En caso de que no se proporcione una terapia
adecuada, la tasa de mortalidad puede alcanzar el 50 por ciento.
Según
la Organización Mundial de la Salud (OMS), algunos países endémicos
han experimentado un creciente número de casos en la última década.
Además existe la posibilidad de un nuevo "ciclo endémico" en algunas
regiones del planeta.
La
preocupación ha tenido eco en las autoridades sanitarias. La Secretaría
de Salud Pública de República Dominicana se ha visto obligada a
crear una comisión de seguimiento a la meningococcemia y a establecer
normas educativas ante la incapacidad de los médicos para diagnosticar
y tratar a tiempo la enfermedad meningocóccica.
Más
del 50 por ciento de los niños mueran pocas horas después de haber
ingresado al principal hospital especializado en niños que tiene
la nación, a pesar de haber pasado previamente por manos de un médico
particular. Expertos aseguran que dichas muertes ocurridas hasta
el momento podrían haberse evitado si los médicos dejaran de lado
el temor al contagio y procedieran a medicar al paciente de inmediato
con antibióticos.
Lo
que más lamenta la infectóloga Josefina Fernández es que los niños
están muriendo a pesar de que muchas de esas muertes podrían prevenirse.
Atribuye esa situación al desconocimiento y temor de los médicos
a tratar ese tipo de pacientes.
La
oficina local de la Organización Panamericana de la Salud (OPS),
junto a las entidades médicas especializadas, ha diseñado un plan
de actualización y capacitación del personal de salud sobre la enfermedad
previsto a ejecutarse en este año.
"La
principal necesidad que estamos teniendo en el sistema en este momento
es la de mejorar el manejo clínico de los casos", opina Pedro Luis
Castellanos, epidemiólogo de la OPS. "Esta es una enfermedad que
puede matar en horas; si se pierden las primeras horas se puede
perder el paciente", revela.
La
bacteria que causa la enfermedad no sobrevive fuera del cuerpo humano
más de unos pocos minutos, afirma la OMS. Normalmente, la meningococcemia
no se transmite a través de suministro de agua, piscinas o por contacto
rutinario en salones de clase, restaurantes o baños.
"Personas
que han tenido contacto íntimo o directo con un paciente con meningococcemia
están en riesgo de contraer la enfermedad en los siete días siguientes
y deben recibir medicamentos profilácticos", explica la OMS. Un
contacto íntimo o directo incluye haber sido besado, haber compartido
utensilios de alimentación o haber sido contaminado por cualquier
secreción del cuerpo del individuo infectado. La debilidad del sistema
inmunológico de la persona expuesta a la bacteria juega un factor
determinante en el desarrollo de la enfermedad.
Las
madres dominicanas conocen poco de la enfermedad y reciben escasa
ayuda de especialistas cuando acuden en busca de atención ante el
cuadro de fiebres, cefalea, vómitos y manchas en la piel que ésta
provoca en sus víctimas.
Las
secuelas que deja en las familias son incalculables. La madre de
la niña María Rosa, de 10 años, fallecida hace dos meses, no supera
su dolor e impotencia. Está convencida de que la muerte de su hija
pudo ser evitada si hubiese recibido tratamiento a tiempo. Cristina
corrió con mejor suerte. Hace dos años sobrevivió a la enfermedad,
pero ha quedado con daños cerebrales que la han obligado a recurrir
a escuelas especiales y a terapias semanales.
Aunque
la enfermedad está presente en el país desde principios de los años
80, empieza a estar bajo vigilancia epidemiológica a partir de 1995,
debido a la preocupante tendencia de crecimiento que ha ido presentando.
Las
campañas educativas y preventivas emprendidas por las autoridades
no han tenido la agresividad que la situación amerita, aseguran
observadores. La prevención se limita a la distribución de unos
cuantos antibióticos en el hogar donde se han presentado casos o
se ofrecen charlas cuando la incertidumbre y el temor se apodera
de determinada comunidad como consecuencia de la presencia de varios
casos en períodos relativamente cortos.
Juana
Santos tiene a su hijo Alexis, de ocho años, en un centro de salud
pública. Aún no sabe identificar por su nombre a la meningococcemia,
pero cuando su niño tenía fiebre y dolor de cabeza, una vecina le
comentó la existencia de una enfermedad rara que empezaba con esos
síntomas y mataba a los muchachos. Por eso Juana no perdió tiempo
y corrió al doctor en busca de ayuda. La atención rápida permitió
que su hijo se esté recuperando.
La
bacteria se presenta en diferentes formas o serogrupos, como el
A, B, C, W y 123, entre otros. El año pasado predominó entre los
afectados el serogrupo C en un 81.3 por ciento sobre el tipo B,
que tuvo una presencia de un 18.8 por ciento en los casos analizados.
El
costo que representa la vacuna contra algunos de los serogrupos
identificados ha impedido que se inicie la inoculación masiva de
la población en forma gratuita. Sólo los más afortunados económicamente
han podido inmunizar sus hijos.
Médicos
especialistas ofrecen en sus consultorios privados la vacuna hasta
a 900 pesos dominicanos, equivalentes a unos 64 dólares. Sin embargo,
algunos se abstienen de advertir que la inmunización puede ser parcial,
porque al niño puede afectarle otro serogrupo.
El
porvenir no es nada esperanzador. Castellanos es claro en señalar
que el país debe acostumbrarse a vivir con la enfermedad por muchos
años, porque para eliminarla, habría que acabar primero con las
condiciones de pobreza que la recrudecen.
Doris
Pantaleón es redactora del Listín Diario en Santo Domingo y se especializa
en temas de salud. Lea
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